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Estudiar una lengua en inmersión a partir de los 45

Cuando uno decide salir fuera de su país para aprender una lengua, lo hace pensando que es la única manera de poder dar ese salto que no somos capaces de conseguir de otro modo. No importa cuánto tiempo sea, lo importante es estudiar en inmersión. Y aunque es cierto que en general no hay nada más aconsejable que eso, también es verdad que la edad es un factor que influye directamente en el resultado de la experiencia, porque no es lo mismo hacerlo con 20 que con 45 o 50.

Y viene todo esto a cuento porque he vivido en primera persona este mismo verano esta situación, que obedece a la siguiente secuencia:

 «No mejoro nada», «tengo que estudiar fuera, de este año no pasa», «qué escuela elijo», «ya está todo reservado»… («qué caro, por cierto»). Y entonces uno llega al país, al alojamiento y al día siguiente a la escuela y lo primero que se te pasa por  la cabeza es “pero si soy el padre de todos…”.

Resultado de todo ello es que solo dos semanas de curso en una escuela en grupo me han dejado un  sabor agridulce. La experiencia está bien, escuchas y hablas la lengua la mayor parte del día, pero la sensación es que no has avanzado lo que te habías imaginado, y ello debido a que en el grupo de aprendizaje, en este contexto, la edad media suele estar muy por debajo de la propia, con lo que ello comporta a la hora de conectar en intereses y expectativas.

Conclusión: estoy cada vez más convencido de que a partir de una edad un aprendizaje individualizado y a medida de cada uno es el camino más recto hacia nuestro objetivo de ser capaz de dominar una lengua extranjera.

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